lunes, 8 de diciembre de 2014

Huamachuco, segundo tramo

Después de vivir un corto tiempo en Huaráz, luego en Huamachuco, mis padres, recién casados, se fueron a vivir al Sur del Perú, entre Puno, Juliaca, Urcos, Azángaro y Arapa la tierra natal de mi padre. En Juliaca nacimos tres de sus hijas, América (1951), Elvira Edith (1959) y yo (1957); y en Urcos nació Paula Silvia (1953).




En esta primera foto, tomada en Juliaca, está mi hermosa madre con sus dos primeras hijas: América de pie, con sombrero, al lado de mi madre, y Silvia sentada en el camioncito. En la siguiente foto está mi querida madre con América y Silvia, acompañadas por una amiga de mi madre y su hijo.




En aquel tiempo no era muy usual tomarse fotografías como hoy en día, en que la tecnología ha facilitado enormemente el registro de los hechos a través de la cámara digital. Por ello además, estas fotos se convierten en muy preciadas e invaluables. Siento mucho haberme descuidado de las demás fotografías que teníamos en casa... lamento mi terrible irresponsabilidad...



En esta maravillosa foto se encuentran mis padres y sus tres hijas (yo soy la tercera), también está sentado mi abuelo Santiago Pereda, padre de mi madre, y una empleada del hogar. Mis padres habían recibido la visita de mi abuelo Santiago con su propuesta de que nos trasladásemos al norte, para vivir más cerca de la familia de mi madre.

Cuando mi padre se recibió de escribano, mi abuelo Santiago le informó que había un puesto de escribano en Huamachuco, así fue cómo nos trasladamos a esta hermosa tierra donde yo abrí por primera vez mis ojos al mundo, pues no conservo recuerdo alguno de Juliaca, ya que nos trasladamos cuando apenas yo tenía poco más de dos años... Edith estaba recién nacida...

Huamachuco... Huamachuco significa: "Sombrero de Halcón".




El paisaje del camino a Huamachuco se mantiene maravillosamente el mismo que mis ojos contemplaron de niña, el tiempo para nuestra madre naturaleza transcurre casi imperceptible, a diferencia del que sufren nuestros rostros y nuestros cuerpos...




A ratos nos acompañaba una ligera lluvia muy auspiciosa mientras tomaba estas fotos desde la ventana del minibus.




Huamachuco... ¿Cómo iba a olvidar estas hermosas líneas verdes de mis cerros? 
¡¡Este es mi paisaje!! ¡¡El paisaje de mi infancia!! 




¡¡Estos son mis campos verdes y mi gente agreste!!




¡¡Este es mi río Grande y mi cielo azul!! 
Espacio de mis Marcahuamachucos y Wiracochapampas.




¡¡Esta es mi tierra!! Mi Huamachuco querido...




Con su maravillosa Plaza de Armas y su Cerro Sasón al fondo...




Su hermosa pileta...




Sus glorietas y su Ermita San José construída sobre una huaca pre-inca al fondo, con sus dos torres elevándose hacia el cielo, donde cantábamos los villancicos al niño Jesús en Navidad. Todos los Diciembres llegaban desde los más lejanos caseríos, grupos de niños pastores vestidos con ponchos, chullos, alforjas y ojotas, trayendo bellos regalos al niño Dios que había nacido en su hermoso pesebre. Yo era muy feliz cantando con todos ellos...




Niño Manuelito que te puedo dar
rosas y claveles para deshojar

Desde lejos vengo oyendo una voz
en que el ángel dice que ha nacido Dios

Suenan las sonajas suene el tamborcito
para divertirlo a nuestro Niñito

Tra la la ra la ra la ra la ra la
Tra la la ra la ra la ra la ra la




El Teatro Municipal (izquierda) y el Gran Hotel de la familia Torres (extremo derecho) donde nos hospedamos al llegar...

En este teatro vi mis primeras películas... En aquel tiempo estaban de moda las películas mexicanas (Viruta y Capulina, las de Jorge Negrete, Antonio Aguilar...) y españolas (Joselito, Sara Montiel...)

Pero lo que más me encantaba eran las presentaciones que hacía el colegio Florencia de Mora donde estudiaba mi hermana mayor, Mery, en las que ella y sus amigas eran las principales artistas... Estas presentaciones eran dirigidas por monjas dominicas, todas de excelente calidad, se trataba de cantos y bailes españoles como la Jota Aragonesa con trajes típicos al compás de las castañuelas...

Dominique, nique nique, 
pobremente por ahí 
va él cantando amor 
Y lo alegre de su canto 
solamente habla de Dios 
De la palabra de Dios. 

Juan sin tierra en su era 
de Inglaterra era Rey 
Pero el padre Dominique 
con su fe lo convirtió...




El Campanario de Bolívar y el Cerro Cacañán...




El Campanario de Bolívar y la Catedral... hoy son muy modernos...




El Campanario ha sido restaurado y en lugar de la antigua Catedral está esta nueva...




El Campanario de Bolívar, desde donde el mismísimo Libertador arengó a nuestros compatriotas...

Cuando vinimos a vivir aquí, a Huamachuco, el año 1960, el Campanario era como en la siguiente foto, así lo recuerdo... más rústico, más propio del lugar...




Y la Catedral también era una construcción de adobe. Recuerdo que estaba derruyéndose... Luego la demolieron por completo, cuando nosotros nos fuimos de Huamachuco aún la estaban construyendo.




También había una Sonora que se escuchaba a todo volumen en la Plaza de Armas. El joven Carlos Flores era quien nos actualizaba con lo último de la Nueva Ola... Así conocí a los primeros cantantes que aparecieron a comienzos de los 60... Enrique Guzmán y su "Adiós mundo cruel", Palito Ortega y su "Vestida de novia", Jimmy Santy y su "Sabor a salado", Los Hooligans y su "Despeinada aha aha", Paul Anka y su "Diana", Los Hermanos Arriagada y su "Poema"... y tantos otros como "Speedy Gonzales"... ¡¡Tantos otros!!




Esta era mi visión mágica de todos los días: El Corazón de Huamachuco, su enorme Plaza de Armas... Este era el escenario de mis juegos de niña y el de mis hermanas mayores a quienes yo seguía en su andar... No tenía necesidad de recorrer otras calles más lejanas, pues aún yo era muy niña...




Este es uno de los pinos añejos de aquellos años de entonces, aún cuando ya no está tan frondoso como antes se puede percibir su fresco olor característico, con el que en la distancia yo evocaba las fiestas navideñas y las procesiones de la Virgen de Alta Gracia,




Me gustaba recoger las semillas de estos pinos tal altos que me hacían mirar el cielo, atesoraba su forma peculiar de pequeñas grietas que guardaban su misterio.




En esta plaza correteábamos todos, jugábamos... las hermanas Abarca, las hermanas Torres y nuestros amigos de barrio... hacíamos nuestras tiendas como los indios de Norteamérica, con palos y mantas, trepábamos los árboles, hacíamos trampas en el suelo, jugábamos a los vampiros, a la matagente, a la rayuela, al circo; pero nadie nos cuestionaba... Así transcurría nuestra bella infancia bajo la mirada atenta de nuestros padres, que habían alquilado unas habitaciones en el primer piso de este maravilloso hotel de la familia Torres en el jirón Balta.




La puerta abierta es el portón principal por el cual entrábamos a nuestra vivienda. la puerta de la izquierda era la oficina de escribano de mi padre (lamentablemente ahora es una puerta de fierro), la puerta de la derecha era la oficina del CIPA, ya no recuerdo el significado de estas siglas, allí trabajaba un tal Perez a quien le gustaba hacerme llorar por no convidarme un chocolate. Los balcones del segundo piso eran habitaciones que se alquilaban generalmente en el mes de Agosto, a quienes venían por la famosa fiesta de la Virgen de Alta Gracia, patrona de nuestro pueblo. Desde estos balcones lanzábamos pétalos de flores a esta hermosa Virgen que nos prodigaba sus bendiciones al pasar.

¡Cómo no recordar aquellas flores fragantes! Recolectábamos tantas rosas, hortencias, jazmines, dogos, margaritas, claveles... ¡Cómo no recordar sus aromas y colores! Donde quiera que aún sienta estas fragancias me traslado de inmediato al Huamachuco de mi infancia... 
Humachuco huele a flores, a pino, a eucalipto... 




Esta fue nuestra primera casa que yo recuerdo... Aún cuando ocupábamos sólo una gran habitación para nuestro dormitorio, otra más pequeña para nuestro comedor y otra más pequeña aún para nuestra cocina. Nuestra sala de estudio era la oficina de papá, cuando él cerraba la atención al público por las tardes teníamos acceso a ella hasta la noche; todo era nuestro, sus escritorios, sus lápices, pluma fuentes, tinteros, reglas, cuadernos, papeles y demás enseres... ¡Cómo me encantaba el aroma de lápiz recién tajado! Cómo me encantaba aprender a escribir, leer y dibujar bajo la guía de mi padre y de mi hermana Mery... 

También recuerdo que mi padre les compró a mis hermanas dos bellísisimas muñecas, la más grande vestida de novia era de Mericucha; la mediana, rubia, vestida de seda color rosado era de Silvia, con ellas jugaban mis hermanas en esta oficina. Ellas apreciaron mucho estas finas muñecas aún de grandes... Yo nunca sentí celos por estas preferencias que mis padres les prodigaban, por el contrario, yo era feliz que ellas recibiesen tales atenciones por ser las mayores.




El Gran Hotel era nuestra casa... Ahora está algo desvencijada por el tiempo, han pasado poco más de 50 años desde aquel tiempo en que allí vivimos.




Cruzando el zaguán puede verse lo que entonces era un bellísimo jardín lleno de flores y la sala principal de la casa; en realidad era una gran casona convertida en hotel. 

En este generoso patio recuerdo a doña Zarela Torres vestida siempre de negro, sentada en su bello sillón de mimbre que se balanceaba. Ella era algo gruesa, hermosa, cachetona, de ojos grandes, amorosos, su cabello cano era corto, abundante, algo ondulado. Ella nos amaba a todos... Tenía una única hija, Carmela, quien me obsequió una muñeca diminuta, tamaño de la palma de mi mano, para estar a la par con mis hermanas que ya tenían la suya, "pequeña porque es de acuerdo al tamaño", me dijo; y me la dio como premio después de la clausura del año escolar.

Mi madre recordaba cómo en esa clausura yo corría al escenario cada vez que nuestra directora de escuela, la Srta. Galarreta... llamaba a los estudiantes sobresalientes para entregarles su diploma de honor o un obsequio, entre ellas estaban mis hermanas. A pesar de que también se me anunció como alumna sobresaliente aún estando "encargada" en el aula de transición, se habían olvidado de mi regalo. Carmela suplió esta falta felicitándome porque ahora cursaría el primer año escolar, incluso le hizo mucha ropita a ésta mi primera muñeca de niña.




Cuando llegaba Diciembre, la Srta. Zarela hacía su esplendoroso nacimiento que ocupaba toda esta sala de dos ventanas... Uno podía pasarse horas observando cada detalle, cada objeto de este singular pesebre donde nada faltaba, era un gran viaje por todos los cerros y montañas hechas de cartón, madera y musgo para llegar al pesebre y adorar al Niño Dios. Aquí también venían los niños cantores a ofrecer sus villancicos al niño Jesús. Doña Zarela les convidaba dulces, pan y chocolate caliente.

Hoy, aquí funciona un restaurante, pero aún sigue siendo un hotel, regentado por la nieta de Lourdes Torres, sobrina de doña Zarela Torres.




Ocupábamos el primer piso del ala izquierda de la casa, en este primer plano se encuentra lo que otrora fue nuestra cocinita. Aquí la recuerdo a mi madre querida en sus quehaceres mientras mi padre trabajaba en su oficina y mis hermanas estudiaban en su colegio. Aquí le expresaba a mi madre mi infinito amor con mi lenguaje incipiente: "¡Te quiero como a toda la mundo!"... Desde entonces, mi madre siempre me recordó esta expresión que yo le había dedicado de niña. 

Me veo a mí misma una niña muy pequeña, gruesa, jadeante al caminar, con cabello corto, vistiendo un vestido claro y un saquito verde de paño que era mi preferido.

Recuerdo el clima de Huamachuco con mucho agrado. Era normal para nosotros el calorcito de las mañanas y el friecito de las tardes... Era normal para nosotros la lluvia y el granizo que nos visitaban de vez en cuando... yo no tenía ni idea de otros climas...




No hace mucho que le pregunté a mi madre: "¿En qué momentos especiales yo te hacía esta declaración de amor?" Ella me respondió que era cuando ella me preguntaba: "¿Cuánto me quieres?", yo le respondía feliz levantando mis brazos para dibujar el mundo y decirle: "¡Te quiero como a toda la mundo!"... Mi querida madre también me dijo que le encantaba hacerme esta pregunta, porque le hacía muy feliz mi respuesta y le causaba mucha gracia la forma de expresarme...

Cuando ella me recordó esto, yo aproveché el momento para decirle que efectivamente ella fue el primer amor de mi vida, sólo Radha y Krishna saben cuánto la amé de niña, cuánto la amé de adolescente, cuánto la amé de joven... y cuánto luché para liberarme de ese amor que me encadenaba e impedía ser yo misma... Otros amores hubieron en mi vida, pero ninguno fue igual a este que cultivamos con mi madre... era un amor puro, muy cerca del amor divino... Ella se sintió feliz con esta declaración de amor que le hice, nunca fue tarde para decirnos lo mucho que nos amábamos...




Aquí de nuevo la cocinita con su pequeña ventana y la escalera al segundo piso. Así como la Plaza de Armas era como una extensión de nuestra casa, nuestro patio o parque de juegos, así era toda esta enorme casa, una expansión de nuestra pequeña vivienda por la que podíamos movilizarnos libremente, sin temor alguno...




Encontré totalmente derruido el segundo piso del ala derecha de esta gran casona...




Esta es la casa por donde correteaban los Torres y los Abarca. 

Aquí mis padres tuvieron tres hijos más, Víctor Donato (1961), Jorge Fernando (1963) y Alfonso Rafael (1965).

En 1961 llegó a Huamachuco el ilustre arquitecto Fernando Belaúnde Terry, en ese entonces candidato a la presidencia de la república para 1963, quien se hizo amigo de mis padres. Recuerdo que su visita fue una gran algarabía para nuestro pequeño pueblo. Su discurso en el campanario despertó tantas hurras y ovaciones que yo imaginaba al mismísimo libertador Bolívar arengando a sus tropas en aquel mismo lugar. Mis padres fascinados con este joven arquitecto se volvieron militantes activos de su campaña electoral. Cuando Acción Popular ganó las elecciones en 1963, mis padres dijeron que era el Perú el que había triunfado, porque ese era el mensaje de Belaúnde cuando arengaba a su pueblo... "El Pueblo lo hizo"...

En honor al cariño que mis padres profesaron por el nuevo presidente de la república, le pusieron su nombre, Fernando, a mi hermano Jorge, Jorge Fernando. 

Hablando de nombres, Víctor lleva por supuesto el nombre de mi padre, y Rafael lleva los nombres elegidos por mi madre en honor a aquella novela romántica que tanto le gustaba, y a su autor: "Rafael" de Alfonso Lamartine.




Luego del patio principal venía este pasadizo que da al segundo patio o patio de servicio donde quedaban los servicios higiénicos, una letrina de uso general; la lavandería, una pileta con su tendedero; y la huerta. Al ver todo esto derruido recuerdo como los Torres pendían una soga de estas vigas para columpiarse y hacer temerosas acrobacias como en los circos...




La casa contigua al hotel desde la esquina izquierda doblando por el jirón Ramón Castilla, era de don Gustavo Torres, hermano de doña Zarela, allí vivían los hermanos Torres, hijos de don Gustavo... 

De vez en cuando ellos tenían la gran ocurrencia de hacer circos en su casa, nos cobraban la entrada para ver sus acrobacias en el columpio o en la cuerda floja; Gracia o Graciela y Carlos, su hermano menor, se balanceaban en una tabla sobre una botella colocada sobre una mesa; Oscar y su hermano "el Gato" hacían de payasos haciéndonos reír con inocencia; en realidad, todos ellos hacían un circo de verdad...



Esta es una foto histórica en la Plaza de Armas, detrás puede apreciarse el antiguo Campanario. Si bien recuerdo todos los rostros, sólo recuerdo tres nombres: Isabel Torres es la tercera contando de izquierda a derecha, Graciela Torres es la quinta, está sentada, y Lourdes Torres es la primera contando de derecha a izquierda. Mericucha está de pie sujetando a uno de mis hermanos recién nacidos. Aquí falta Lila Torres, ellas eran 4 hermanas así como nosotras.

Todas ellas eran las mayores de clan de juegos, luego veníamos los menores de 5 y 6 años, entre ellos Carlos y Gilberto Torres, y nosotros los Abarca. A Gilberto le llamábamos Gil o Gilcito, era contemporáneo de mi hermana Edith. Recuerdo cómo nos causó mucha tristeza su enfermedad, le había salido un tumor en la rodilla, ya no podía caminar... Un buen día vi a Gil con muletas, le habían amputado una pierna... Fue mi primer terrible impacto ante una enfermedad tan cruel como el cáncer... Allí empecé a orarle mucho a la Virgen de Alta Gracia por la salud de este niño a quien todos amábamos, pero sentí que de nada sirvieron mis oraciones pues muy pronto se fue de este mundo. Los Torres mayores se vistieron de negro por todo un año... Entonces comprendí el porque del vestido negro que doña Zarela usaba como un hábito, me explicaron que en esos últimos años, ella no había dejado de despedir a un ser querido...




Durante la fiesta de nuestra Señora de Alta Gracia, también se instalaban los toldos en la Plaza de Armas, donde la gente preparaba comida, vendía ropa, presentaba diversos números de atracción, era toda una feria a donde íbamos a gastar nuestras propinas. Me gustaba observar la ruleta, las apuestas, las rifas, los disparos, las punterías... En una ocasión vi en un pequeño cuarto a la mujer araña, me causó mucha impresión ver sólo su cabeza sin cuerpo, sujetada por unas patas peludas que estaban amarradas a los cuatro extremos de la habitación... Pero lo más hermoso de esta fiesta luego de la procesión, eran los castillos artificiales que se presentaban cada vez mejores despidiendo sus luces fugaces hacia el firmamento.

En otra ocasión llegó de Lima mi primo Pepe Roselló Ramos para pasar con nosotros esta fiesta inolvidable... Pepe fue la sensación para la muchachada huamachuquina, en ese entonces él ya era todo un adolescente de 18 ó 19 años más o menos, parecía un extranjero, pues ¡había venido de la capital nada más ni nada menos! Vestía a la moda de la nueva ola: medias blancas, saco bleiser (blazer) oscuro de botones dorados sobre una chompa cuello Jorge Chavez de color blanco, también se hacía un rulito en la frente que lo hacía muy atractivo... Pepe les enseñó a mis hermanas a preparar el "Arroz a la jardinera", y un dulce de leche evaporada batida con limón que se volvió muy tradicional en nuestra familia. A mí me enseñó una canción que canté durante mucho tiempo en su nombre...

Cuando a mamá Pancha le daba a la hilacha, 
le gusta la guaracha, la rumba y el danzón, 
Según sus cuentas cumplió apenas los treinta, 
cuando Maximiliano llegó aqui a la nación. 

Mamá Pancha ¡arriba!
Mamá Pancha ¡abajo!




Huamachuco... En ese entonces no había moto taxis, Huamachuco no había crecido tanto como ahora ni había tanta gente.

Hay muchas anécdotas para seguir contando, muchos nombres que recordar... Como el de mi profesora de primaria, la señorita María Salazar de Pacheco quien me enseñó a leer desde las primeras vocales y a pronunciar la "r"; pues me contaban mis padres que por un momento ellos temieron que yo hubiera nacido muda, ya que no hablé sino hasta los tres años, y luego mejoré mi pronunciación con ayuda de esta mi profesora hermosa. Mi padre había probado de todo conmigo: me dio a beber vino, me dio a comer pasas y otros caramelos pero nada, a los tres años yo seguía sin emitir palabra alguna... De pronto hablé a los cuatro años... "mamá y papá" fueron, obviamente, las primeras palabras que salieron de mi boca... Y a los cinco años logré leer en voz alta y con orgullo todo mi libro "Coquito" en un mes, a los pies de mi padre querido.

Otros nombres que recuerdo son el de Rosa Quiroz, mi querida compañera de carpeta, con quien me disputaba el primer puesto, pero nos queríamos. Luego recuerdo nombres de las amigas de mis hermanas, como el de las hijas del Comandante Ruiz, Mercedes y Melania; las hijas del Inspector de Educación, el Señor Panduro, Nancy y... Luego están las hermanas Zevallos, Haydé y.., Ah! Bueno ya no recuerdo más nombres... Mercedes, Nancy, Haydé y Betty Zúñiga eran contemporáneas de Mericucha; Melania y las hermanas de Nancy y Haydé eran contemporáneas de Silvia. Todas ellas hacían un buen grupo para las presentaciones de teatro que preparaba el colegio Florencia de Mora. También están los nombres de los hermanos Alan y Ariel Rebaza Gonzales, y Carlos Franco, amigos de mis hermanas...

Otro impacto que viví de niña fue el accidente de auto que sufrió toda la familia Panduro viajando a Trujillo, pues allí murieron varios de ellos, se decía que la esposa del señor Panduro, una de las sobrevivientes, había quedado medio loca por tamaña desgracia... Este fue el motivo por el que los pocos Panduros que quedaron se trasladaron a Trujillo... No más volvimos a saber de ellos pese a que les extrañamos...




Este es el pasaje San Martín muy bien conservado, da gusto sentarse en sus bancas para seguir el ritmo de la inspiración...




En ese entonces mi padre era secretario del Club de Leones de Huamachuco, él era muy activo, le gustaba asistir a todo evento social con mi madre, y a mí me gustaba escucharles sus comentarios cuando regresaban de sus reuniones. Lo que más me encantaba eran sus fiestas de disfraces durante los carnavales, contaban que se perfumaban con sprays, y se adornaban con serpentinas, polvos y globos...

Las fiestas de carnaval en Huamachuco eran únicas, muy atractivas e inolvidables... Todos esperábamos al gran Carnavalón con su desfile alegórico. A los hermanos Torres, los varones, les encantaba hacer de Carnavalón. Luego venían las invitaciones a los diferentes Cilulos, que eran palos bien plantados en el patio trasero de las casas, donde colgaban diversos decorados, regalos, globos, serpentinas, frutas... Los invitados bailaban alrededor del Cilulo, cantando y parando de vez en cuando para darle de machetazos al pobre palo, así continuaban hasta derribarlo... En ese momento, todos corrían a tomar los regalos del Cilulo, en tanto que otros traían baldes con agua para mojarse unos a otros... Así se divertían... y yo, pequeña... contemplaba todo eso junto con otros niños y gente más adulta.




También recuerdo a algunos de los amigos de mis padres, como uno de nombre Néstor a quien encontraron muerto en una zanja, decían que sus amigos lo habían emborrachado hasta que perdiese el conocimiento. Luego recuerdo a un tal Gastañadui, al doctor Ledesma, abogado... Recuerdo rostros... he olvidado nombres...

Una vez, un grupo de jóvenes realizó una excursión a la laguna de Sausacocha, cuya leyenda decía que era una laguna encantada. Algunos atribuían ese encanto a que allí vivían unas bellas sirenas, que atraían a todo joven que surcaba sus aguas para llevárselos con ellas. Otros decían que su encanto se debía a que en sus profundidades había un gran tesoro de los Incas, que brillaba por la noches con gran resplandor, atrayendo a todo viajero a sus aguas para tampoco dejarlo salir... Habían muchas leyendas sobre su encanto... Durante la expedición, los muchachos inflaron sus botes y entraron laguna adentro... Cuando de pronto, muy al centro de la laguna encantada, uno de los botes reventó a causa de un pequeño agujero. Los muchachos que iban en aquel bote hicieron todo lo posible para salvarse a nado; sin embargo, dos de ellos sucumbieron... el uno porque no sabía nadar, el otro porque por salvarlo terminó hundiéndose con él. Así se ahogaron dos amigos muy entrañables, uno de ellos era hermano de Haydé Zevallos Silva, amiga de mi hermana Mery. Esta fue una noticia muy triste y alarmante en toda la provincia. Mucha gente se trasladó al lugar de los hechos para tratar de rescatar sus cuerpos, incluso yo logré ir con mi padre a la laguna de Sausacocha junto con otras personas en una camioneta. Había mucha gente en la laguna, todo el mundo comentaba de diversas maneras lo acontecido, hasta decían que se trataba de una maldición de la laguna para que nadie explore sus aguas. También dijeron que las familias de ambos amigos eran enemigos por cuestiones religiosas, ya que uno era católico y el otro evangelista... tal como Romeo y Julieta, entonces la muerte de ambos era para terminar con tales rencillas... En las orillas de la laguna se habían instalado como de costumbre diversos quioscos de comida, vendiendo especialmente las truchas del lugar... Mi padre llevó sardinas enlatadas para almorzar con panes, pues... no quería saber nada de encantamientos... Durante muchos años relacioné el sabor de estas sardinas con la muerte de esos amigos que se querían, la aparición tardía de sus cuerpos y el encanto de la laguna de Sausacocha.




En los años siguientes después de nuestra partida de Huamachuco a Santiago de Chuco, mi madre echó mucho de menos a su farmacéutico preferido, el gringo Saenz, muy querido por todos en Huamachuco por su habilidad para curar todo tipo de enfermedades... Yo recuerdo haber ido algunas veces a su Botica que quedaba más o menos a la mitad de esta vereda para comprar las famosas "Cryogenines"... También recuerdo cuando me compraba muy de vez en cuando, quizá dos veces al mes, mi bolsita de perdigones de chocolate con maní... Mis padres nos enseñaron a ser muy moderados con los dulces, nos enseñaron a preferir las frutas frescas, la leche, la mantequilla, que llegaban de la hacienda de Yanasara del Señor Pancho Pinillos, compadre de mis padres. Esa fue una muy buena enseñanza. ¡Ahhhhh! Cómo olvidar el olor y sabor de la mantequilla pura, de la leche pura de vaca...

Entonces recuerdo el famoso capulí, la lima, las rayansimbas o fruto del sauco que mis hermanas solían traer del campo, yo las veía trepar por estos árboles para cortar grandes racimos con los que mi madre preparaba una deliciosa mermelada. Hoy también volví a comer los inolvidables chochos y las exquisitas ñuñas...

A mi padre tampoco le gustaba que perdiésemos el tiempo leyendo los cómics, o las novelas de Corín Tellado, pero aún cuando nos alentaba al estudio, nosotras leíamos estas revistas a escondidas, me gustaba la pequeña Lulú, Archie, el pato Donald... mas, nunca descuidamos los estudios.




El Agua de los Pajaritos, lo encontré muy elegante... parecen las ruinas de Marcahuamachuco...




En aquel entonces se trataba de un caño sencillo que canalizaba el agua pura venida de una vertiente de los cerros... Los huamachuquinos decían que quien bebe el Agua de los Pajaritos nunca se va de Huamachuco, pero eso no funcionó con nosotros... pues luego de vivir aquí muy felices, más o menos 6 años, desde 1960 hasta 1966, tuvimos que trasladarnos inevitablemente a Santiago de Chuco...




Sólo Krishna sabe cuan dolorosa fue para mí esta partida... Dejar todo mi mundo de niña, mis escenarios, mis campos, mis cerros, mis eucaliptos y todo lo que he venido narrando, fue una terrible experiencia... 

Ahora he vuelto con mi madre para recordar nuestras vivencias de amor y felicidad de aquellos años... Para hacer nuestro ritual del desapego, para que sea próspero nuestro Gran Viaje hacia la Morada Suprema del Amor Divino.




¡Oh, Radha! ¡Oh, Krishna!
¡Oh, Amor Divino!
 Por favor, te pido de todo corazón
que abraces a mis amados padres Elvira y Donato 
y a Zaroma, mi abuela tan querida,
para que los protejas e ilumines 
en su camino hacia Tu Morada Suprema. 
Por favor, otórgales paz, armonía, sabiduría, amor;
otórgales un elevado nacimiento
para que puedan realizar su amor por Ti
y te sirvan eternamente.




El Agua de los Pajaritos, aquí veníamos muchas veces, ya sea como un paseo de nuestra escuela o por cuenta propia, pues a mis hermanas les gustaba mucho correr por los campos y bosques y yo las seguía a donde fuesen...




Ya sea al Cerro Sasón donde yo tenía mis propias visiones de un mundo idílicamente paradisíaco, o al Cerro Cacañán donde estaba el Puquio y decían que allí vivían los duendes... Íbamos a muchos lugares y volvíamos con algún hallazgo que serviría para matizar nuevos juegos, nuevos sueños, todos distintos, creativos... infinitos...

¿Qué es lo que yo soñaba de niña? ¡Ahhh! Mis sueños de niña... Me gustaba soñar que tenía una bicicleta en la que corría por la Plaza de Armas, eran muy contados los niños que tenían una bicicleta en Huamachuco pues era un juguete muy caro, y creo que a mis hermanas no les interesaba mucho pues nunca escuché que se la pidiesen a mi padre. También soñaba con el volkswagen de la familia Panduro que era de color verde oscuro, fue una gran sensación cuando llegó este auto a Huamachuco; y como yo era pequeña y no sabía conducir un auto, soñaba que tenía un chofer que me llevaba en él a la escuela... También soñaba que tenía un helicóptero que me llevaba a la India lejana... en ese entonces estaba estudiando los viajes de Colón y el descubrimiento de América.

¿Por qué soñaba con viajar a India? Porque a causa de ser India el objetivo de los viajes de Colón, los españoles habían llegado a América y nos habían subyugado, esto me causaba dolor... India había sido el objetivo, no América, no nosotros... Entonces, cuando mi madre preparaba el exquisito té con clavo de olor y canela, no podía comprender cómo estas especias fueron consideradas oro por los españoles, aquí las teníamos en casa y no eran caras... Sin embargo, yo intuía que otro era el verdadero oro de India y éste era un gran misterio que anhelaba conocer... La fragancia del clavo de olor, té y canela aún me traslada de inmediato a ese fantástico mundo de los mercaderes de oriente... incluso la sola palabra "mercaderes" me produce hasta ahora el mismo efecto...




Los eucaliptos son como mis hermanos, los encontraba en todo el camino; mi profesora, la señorita María Salazar de Pacheco, nos enseñó a contar con las semillas de los eucaliptos, semillas que yo guardaba con afán, porque me transmitían un lenguaje más profundo venido de otro mundo...

Antes de que mis padres me "encargaran" en la escuela primaria donde estudiaban mis hermanas, yo asistía a los 4 años al Jardín de Infancia sin beneficio alguno, pues los niños me intimidaban, me insultaban, llenaban de arena los bolsillos de mi mandil blanco, me echaban arena con hormigas por el cuello; no logro recordar qué es lo que hacían las profesoras que no lo evitaban. Por ello opté por no ir al jardín, y como a mi padre le disgustaba las inasistencias, yo simplemente salía de casa y me quedaba a jugar en una tienda, con un niño inválido que se mantenía sentado todo el tiempo en una silla, hasta que era hora de volver a casa... Hasta que mis padres me descubrieron y descubrieron el daño que me hacían esos niños del jardín, por eso me "encargaron" cuando yo tenía 5 años en la Escuela No. 274 donde estudiaban mis hermanas, además, yo moría por estudiar con ellas, y ser aplicadas como ellas.

Aquel año de 1962 en que estuve "encargada", las profesoras consideraron que había cursado oficialmente la transición, pues había obtenido notas sobresalientes y no había necesidad que repitiera el año; por tanto, en 1963 yo estaba cursando el primer año de primaria, y en 1964 y 1965 estaba cursando el segundo y tercero de primaria.




Este es mi Huamachuco querido... Cuando me preguntan de donde soy, a veces respondo que soy de aquí o de Santiago de Chuco... porque es en estos lugares donde empecé a despertar y a conocerme a mí misma...




Huamachuco, es otro momento de partida... otra despedida...




Pero ahora con el propósito de inmortalizarlo e inmortalizar las bellas y felices experiencias que nos prodigó a mí y a mi familia, a través de este blog... para que estas imágenes y letras queden impresas en el firmamento... como una amorosa ofrenda llena de agradecimiento al Señor del Infinito y a mi querido Huamachuco...




Gracias, gracias mi querido Huamachuco, infinitamente gracias a tu río, a tus campos, tus cerros, tu gente, gracias, muchas gracias... Gracias también a mis queridos pradres, y hasta pronto...




¡Oh, mi querido río Grande! 
Que la corriente límpida de tus aguas nos lleve sin obstáculos
 hacia el mar sagrado del Amor Divino...
Que nuestra atracción se dirija a Krishna 
sólo a Krishna sin desviarse hacia nadie más...



8 comentarios:

  1. hla , que linda debe ser ese pueblo..HUAMACHUCO..esta bien relatado..saludos

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    1. Hola Adela, muchas gracias por su visita, es un honor para mí que le guste mi blog. Estoy viendo la forma de actualizarlo. Saludos!!

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  2. Mi tío abuelo se llamaba Luis abarca rosello natural de arapa, puno.

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    1. Hola, que gusto me da saludarlo. Muchas gracias por visitar mi blog. Sin duda alguna, somos parientes cercanos. Luis Abarca Roselló es hermano de mi padre. Ellos fueron cuatro hermanos: Julia, Donato, Luis y Dolores.

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  3. Mi nombre es Miguel barrionuevo vilca.

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    1. Buenas tardes Miguel. Muchas gracias por su visita. Recién veo los comentarios, le pido que me disculpe.
      Tengo un primo hermano que se llama Ángel Barrionuevo Abarca, lo conoce ud?

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  4. Hola. Mi padre ha vivido muchos años en Huamachuco y me interesa mucho seguir sabiendo sobre este lugar maravilloso que quiero visitar pronto.

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    1. Hola Gissela, me da mucho gusto saludarla y agradecerle por visitar mi blog. Huamachuco es un hermoso lugar...

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