Cuando mi querida madre, Elvira, hace poco me pidió que viajáramos juntas al Norte y Sur del Perú yo me sentí feliz porque juntas visitaríamos todos los lugares por donde ella anduvo... y anduvimos... Viajaríamos juntas no sólo para recordar nuestras vivencias sino para crecer espiritualmente...
Reza el dicho: "Se viaja afuera para viajar adentro".
Primero llegamos a Trujillo, a casa de mamá Zaroma, mi recordada abuela, donde nos recibieron mis queridas tías, hermanas de mi madre: Carmela, Esperanza, Graciela y Yolanda.
Esta es la casa, Ricardo Palma 253... Aunque llegamos un poco tarde, aún podían distinguirse aquellas piedras tan peculiares de la fachada que me evocan cálidamente mi niñez... A mi padre le gustaba traernos a toda la familia aquí para pasar el verano durante las vacaciones del colegio.
Recuerdo mucho cómo mi tía Carmelita les hacía unos bellos vestidos a mis hermanas mayores que eran ya casi adolescentes. También recuerdo de aquella época el exquisito aroma del mar, ya sea en la sopa de choros y cangrejos que preparaba mi abuela, como en la sección de pescados del mercado Mayorista; aun cuando ahora soy vegetariana, tales aromas todavía me evocan mi niñez.
Luego de mi infancia ya no volví a Trujillo sino hasta 13 años después, allá por 1983, para encontrar la casa igual que antes... Todo estaba intacto, las piedras en su lugar, las mismas puertas y ventanas, no se notaba el paso del tiempo ni siquiera en el piso o en las paredes; sólo en el rostro de la gente amada y su andar...
Pero hoy... me ha dado un triste vuelco al corazón la nueva imagen de la urbanización Palermo... Lo que antes era una bella zona residencial, ahora es sólo una zona de comercio, comercio y más comercio...
Aquella vez la emoción fue tan grande que lloré a moco tendido sólo de ver estas piedras que mis ojos de niña las habían contemplado tanto con el corazón abierto... Toqué el timbre, salió mi tía Graciela y obviamente no me reconoció, me preguntó a quien buscaba y yo no podía responderle porque estaba ahogada en llanto... De pronto vi a mis otras tías en la puerta y a mi querida abuela sentada en su sillón al fondo de la sala... ¿Cómo podía hablar si tenía un nudo en la garganta? Todos me preguntaban quien era yo, y como no podía contestar, me abrí paso entre ellos hasta llegar a donde estaba mi abuela querida para arrodillarme ante ella y descansar mi cabeza en su regazo... llorando...
"¿Quién eres?". Me preguntaba mamá Zaroma, "¿Quién eres?"... "Yo soy... Yo... Yo soy..." Levantaba mi cabeza de su regazo queriendo responderle pero no podía, el llanto me impedía y de nuevo recostaba mi cabeza sobre su falda, llena de emoción y dolor por lo mucho que yo la había extrañado... "¿Quién eres?". Seguía insistiendo mi abuela acariciándome el cabello, y toda la familia ya me había rodeado muy curiosa; hasta que por fin logré identificarme: "Soy la hija de Elvira". "¡De Chabuca!" Gritaron todos casi al unísono: "¡Sí!" les confirmé... " Pero, ¿quién, cuál de ellas?" Hasta que por fin pude decirles mi nombre: "Soy Gladys"...
¡¡¡Ah!!! Mi querida abuela, mis tías y primos... fui abrazándolos a cada uno de ellos y vivimos la amorosa fiesta del encuentro luego de tantos largos años.
Recorrí los aposentos de la casa como un gran viaje espiritual hacia mi infancia... Podía reconocer cada objeto que aún se mantenía, como ese espejo cuyo decorado ya no se encuentra en ninguna parte. ¿Cómo había podido grabar de niña tanto detalle en mi mente? Hasta los contrazócalos me eran familiares, las manijas de las puertas, los corredores, los dormitorios (aún cuando no teníamos mucho acceso a ellos), el patio, la cocina, las ollas,,,
Recordamos con mis primas Charo, Mery y Maruja nuestros juegos de niñas; con los zapatos de taco y carteras de nuestras madres; cuando mirábamos televisión a hurtadillas a través de la ventana de la casa vecina, la televisión era una novedad en ese tiempo en que muy pocos la tenían; recordamos cuando el abuelo Calonge nos llamaba la atención y nos intimidaba... Pero el más bello recuerdo de aquella época era mi amada abuela a quien recordaba peinando su largo cabello para hacerse una bella trenza que realzaba su hermosura.
Así la recordaba a mi querida mamá Zaroma, mi abuela... Y para demostrarle ese amor, le dediqué mi primer cuento donde las dos éramos únicas protagonistas.
Mi madre también me mostró su gran amor por su madre, enseñándome con su propio ejemplo a valorar y cuidar esta foto en su pequeño marquito, por ello la conservo junto con la foto de mis padres como una preciada herencia de amor inolvidable, porque cuando también le pregunté a mi madre cuál había sido el momento más feliz de su vida, ella me respondió que fue cuando mi padre le dijo que la amaba y le pidió que se casara con ella.
Mi madre me pidió estar junto a su madre y mi padre en el mismo lugar donde descansa mi abuela, por eso yo viajé a Trujillo, para orarle al Señor Supremo por el alma de estos seres tan queridos.
¡Oh, Radha! ¡Oh, Krishna!
Por favor, les pido de todo corazón
que abracen a mis amados padres Elvira y Donato
y a Zaroma, mi abuela tan querida,
para que los protejan e iluminen
en su camino hacia vuestra Morada Suprema.
Por favor, otórguenles paz, armonía, sabiduría, amor;
otórguenles un elevado nacimiento
para que puedan realizar su amor por ustedes
y les sirvan eternamente.
hare krishna hare krishna krishna krishna hare hare
hare rama hare rama rama rama hare hare
"Madre, vives y vivirás por siempre en nuestros corazones"
Este es un recuerdo de la familia Calonge Marcelo reunida... Aquí, mi querida abuela se encuentra al lado izquierdo de don Carlos Calonge, su tercer marido, puede apreciarse el enorme parecido de mi abuela con mi querida madre. Esta foto debe ser de 1959.
En esta inolvidable foto se ecuentran mi madre con mi tío Carlos, ambos hijos de mi querida abuela con mi abuelo Santiago Pereda, su primer esposo. Falta la foto de mi tío César Ganoza, hijo de mi abuela con don César Ganoza, su segundo marido.
Así, mamá Zaroma tuvo 7 hijos en total con sus tres amados caballeros. La belleza de mi abuela era tanta que era inevitable para ella pasar desapercibida y que éstos insignes pretendientes no la codiciaran...
Ahora ya estaba lista para continuar con mi peregrinaje empezado... Viajaría a Quiruvilca, después a Huamachuco, Santiago de Chuco y Calipuy, para luego retornar...
El paisaje hacia la sierra es hermoso, único... Cada vez que paso por estos lugares recuerdo mis impresiones de niña... ¿Como he podido de niña grabar tanto detalle en mi mente?
Hoy observando retrospectivamente mi niñez, comprendo que lo que había hecho durante aquella época de gran separación, era meditar, sin saberlo me había aferrado a la meditación en todas mis vivencias de niña para no olvidar a mis amados pueblos y seres queridos.
Los yoguis de la India dicen que los niños viven el eterno presente, el aquí y ahora, su mente no salta de un lado a otro como cuando somos adultos, limitados por las preocupaciones y ansiedades del día a día... por eso también yo grabé nítidamente tales impresiones de mi infancia.
Aquella vez, luego de abrazar a mi abuela y demás familia estaba cumpliendo por fin mi sueño dorado de volver a Huamachuco y Santiago de Chuco, los lugares donde por fortuna viví mi infancia...
Recuerdo que el ómnibus "Agreda" se detuvo en un lugar para que los pasajeros almorzáramos; sin embargo, mi prisa por llegar a Santiago de Chuco era tanta, que no me detuve ni siquiera un minuto cuando los pasajeros se dirigieron al restaurante, yo continué con mi viaje a Santiago a pie, siempre observando y recordando el camino...
¿Qué es lo que me era tan familiar de estas casas? Eran sus diseños que se mantenían uniformes, tanto en sus puertas como en sus ventanas y balcones; también eran sus materiales de construcción, sus adobes y madera de eucalipto... Era un bello lenguaje de arquitectura autóctona hecha por los mismos moradores...
Esto es lo que yo extrañé terriblemente cuando nos fuimos de Santiago de Chuco un dos de Febrero de 1970. Extrañé Santiago hasta más no poder... Extrañé su gente, sus casas, su campo, su río, sus cuevas...
De pronto, el "Agreda" me alcanzó y el chofer preocupado casi me regañó, pues habían estado buscándome para continuar el viaje, felizmente un transeúnte les dijo que yo me había alejado caminando por la carretera.
Ahora, llegando a Quiruvilca...
Hay cambios favorables en la pequeña ciudad. No hace mucho frío como en años anteriores. Pero el cielo, ese maravilloso cielo sigue siendo siempre azul...
Quiruvilca, aquí se casaron mis padres y vivieron aquí por un corto tiempo, luego se trasladaron a Huamachuco, después a Puno, al Sur del Perú...
En Quiruvilca también vivió mi abuela Zaroma con el abuelo Carlos Calonge y sus 4 niñas, mis tías, hasta que se trasladaron a Trujillo.
Aquí están: mi tía Graciela, una amiga, mi tía Esperanza y tía Yolanda junto a mi querida mamá Zaroma, en Quiruvilca.
Aquí también nació mi hermano Enrique (1968), pues tuvieron que traer a mi madre de urgencia desde Santiago de Chuco al hospital de Quiruvilca, por estar éste en aquel tiempo mejor implementado que el de Santiago. Pero luego, Luis Enrique fue inscrito en Santiago de Chuco, puesto que allí vivíamos, y es allí donde él aprendió a caminar y conocer el mundo...
Gracias Quiruvilca por acogernos, por acoger a mis seres queridos en su paso por este mundo.
Hasta pronto querido Quiruvilca...










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