"Este es Calipuy, mi tierra.
Tierra inca de los Calipus
donde adoramos a la pacha, a la luna y al sol.
Si no vienes, ¿cómo vas a sentir lo que siento yo?"
Aunque el nombre de este maravilloso pueblo es Calipuy, y el nombre de Santuario es de la Reserva Nacional; para mí todo este pueblo es un verdadero Santuario: "El Santuario de Calipuy" porque aquí nacieron: mi madre, sus padres y los padres de sus padres...
Mi madre y yo viajamos de Santiago de Chuco a Calipuy en un minibus, el viaje duró casi dos horas. Íbamos contemplando el bello paisaje, "único, tan santiaguino tan cubierto de nubes, pencas y eucaliptos... Por allá una casa, por aquí otra y otra más allá... Otras más lejanas... todas con sus siembras de caminos y suspiros..."
De cuando en cuando bajaban algunos pasajeros para continuar a pie hasta su terruño que quedaba más allá de la carretera. "Qué rostros tan serenos, tan seguros, tan amantes de su tierra..."
Yo había olvidado por completo el trajín, el apuro, el desasosiego de la gran ciudad; que de repente los recordé en esta secreta paz del mundo.
¿Cómo es posible que me haya farreado tanto tiempo en visitar este Santuario, cuna de mi madre?
En 1983 yo había planeado hacer un "rally" hasta aquí, luego, circunvalaría la cordillera para salir por Chimbote, o por Chao; pero nada de eso realicé... Otras ocupaciones invadieron mi fortuita mente y todo se postergó sin la menor responsabilidad de mi parte, hasta ahora...
En ese entonces anhelaba construir el árbol genealógico de la familia, estaba anotando nombres, conectando relaciones... pero incluso eso fue devorado por mi desidia y el tiempo.
Madre, perdóname... Abuelos, perdónenme...
Pero lo hecho, hecho está, reconozco mi falta, y aquí estoy orando por enmendarla.
Así empiezo esta amorosa ofrenda a mi querida madre y a nuestra familia por parte de ella.
Los padres de mi madre fueron:
Doña Zaroma Marcelo Padilla, hija de don Antolino Marcelo y doña María Padilla; y
Don Santiago Marcial Pereda Hidalgo, hijo de don Santiago Pereda Monteverde y doña María Eloísa Hidalgo Cuba.
Aquí están mis abuelos, padres de mi madre querida: Zaroma y Santiago.
A mi querida mamá Zaroma la conocí cuando yo era una niña, cuando íbamos a pasar las vacaciones del colegio a su casa en Trujillo, ella tenía otra familia.
A mi abuelo Santiago lo conocí cuando yo tenía más 19 años, cuando fuimos con mi madre a visitarlo a su casa en Lima, él tenía otra familia.
En 1983, en una de mis visitas a mi abuelo le pregunté sobre mi abuela, él me respondió con mucho orgullo: "Zaroma era la mujer más bella de la comarca".
En esta foto están los dos hijos de ambos, los hermanos Carlos y Elvira.
Aquí está mi adorada madre, Elvira, a quien nuestra familia y amigos llamaba también, cariñosamente: "Ima Sumac", no sólo por lo dulce de su belleza, sino también por su maravillosa voz.
Recuerdo cómo mi padre le pedía a mi madre que cantara... A él le gustaba mucho escucharla cantar... a nosotros también... Su canción preferida era "La Pampa y la Puna".
Recuerdo cómo mi padre le pedía a mi madre que cantara... A él le gustaba mucho escucharla cantar... a nosotros también... Su canción preferida era "La Pampa y la Puna".
Ellos tuvieron ocho hijos: América, Silvia, Gladys, Edith, Víctor, Jorge, Rafael y Enrique.
Aquí mis tíos, Carlos Mauricio y Eufrosinia Consuelo Vejarano Ulloa.
Ellos tuvieron cinco hijos: Elena, Blanca Zaroma, Haydeé Lilit, Carlos Yanar y Orlando Santiago.
Ellos tuvieron cinco hijos: Elena, Blanca Zaroma, Haydeé Lilit, Carlos Yanar y Orlando Santiago.
Los hijos de don Antolino Marcelo y doña María Padilla fueron cinco:
1. Eloísa, tuvo tres hijos: Alcira, Isabel y Lorenzo.
2. Josefina, tuvo seis hijos: Zarela, Asteria, Leoncio, Hilda, Oscar y Yolanda.
3. Ignacia, tuvo dos hijas: Bertha y Catalina.
4. Zaroma, tuvo siete hijos: dos hijos con don Santiago Pereda, Carlos y Elvira (mi madre); un hijo con don César Ganoza, César; y cuatro hijas con don Carlos Calonge, Yolanda, Graciela, Carmela y Esperanza.
5. Cristian, tuvo cinco hijos: Elida, Cristian, Enrique, Isidro y Esmeralda.
En esta foto se encuentra, a la derecha, mi tía abuela Josefina, la segunda de las hermanas de mi abuela Zaroma, madre de mi querida tía Hilda Felipe. Todas las hermanas fueron muy hermosas. Esta ha sido única foto que he logrado conseguir.
Los hijos de don Santiago M. Pereda y doña María Eloísa Hidalgo Cuba fueron trece:
1. Eva
2. Catalina
3. María
4. Manuela
5. Esther, no tuvo hijos
6. Víctor Manuel
7. Santiago Marcial, tuvo ocho hijos: dos hijos con doña Zaroma Marcelo: Elvira (mi madre) y Carlos Mauricio; cuatro hijos con doña Rosa Vásquez: Huayna Ollanta, Firdusi Sahuaraura, Auki Sumaj e Illa Cori; y dos hijas con doña Cristilda Paredes: Kusi Koillur y María Eloísa.
8. Grimaldo
9. Julio Maglorio
10. Máximo
11. Eloísa Felices, no tuvo hijos.
12. Carlos
13. Wilfrida Mercedes, no tuvo hijos.
En esta foto están mi madre y mis tíos: Carlos, Auqui y Ollantay.
A lo lejos ya podemos distinguir el maravilloso Santuario de Calipuy.
Por fin conocería el Santuario de mis ancestros por parte de mi querida madre, aquella tierra fértil, fuente de gran inspiración que los vio nacer, dotándolos de un exquisito amor por la poesía.
Mi madre me contaba que a mi bisabuelo Santiago Pereda le gustaba leer mucho y escribir poemas. Luego de administrar la hacienda de Calipuy, en ese entonces de la familia Ganoza, llegaba a casa a deleitarse con sus pasatiempos favoritos, mientras que mi bisabuela María Eloísa administraba la casa y trataba con la gente.
A mi abuelo Santiago (Inti Illapa) y a mi tío Julio (Inti Túpac) también les gustó mucho leer y escribir, ellos fueron profesores, escritores y poetas. Mi abuelo Santiago publicó sus diversos libros como: El Fin del Tahuantinsuyo, Paz y Destrucción, Macchupichu, Koricancha, Aklla, entre otros.
Entonces, ¿cómo no iban a gustar de la poesía sus amados hijos y los hijos de sus hijos? Sin duda, en nuestra familia hay un buen puñado de poetas, escritores, trovadores que le cantan a su tierra... Carlos y Elvira son algunos de ellos.
¿Que mejor que un bello poema de mi querida madre y de mi tío Carlos para sentir y conocer la magia de esta tierra santa? El Santuario de Calipuy, verdaderamente, nos hace florecer en cualquier época del año, basta con leer sus manuscritos...
¿Cómo es Calipuy?
Por Elvira Pereda Marcelo
(Ima Sumac)
I
¿Me preguntas cómo es mi tierra?
Ven, sentémonos sobre este pasto
acariciando las tiernas Pacharrosas
venidas del Zagar, no se vayan a marchitar.
El paisaje de mi tierra es único,
tan santiaguino tan
cubierto de nubes, pencas y eucaliptos.
Por allá una casa, por aquí otra y otra más allá...
Otras más lejanas montadas sobre siglos.
Con sus siembras de caminos y suspiros...
Todos los días bajan de los montes los rebaños,
los choclos, los pájaros que no dejan
de cantar todos los días
al río, a los apus, al amor.
Este es Calipuy, mi tierra.
Tierra inca de los Calipus
donde adoramos a la pacha, a la luna y al sol.
Si no vienes, ¿cómo vas a sentir lo que siento yo?
Calipuy, tierra amada
Por Carlos Pereda Marcelo
¡Amada Tierra!, niñez y dicha sin espinas.
Qué será de Tí, a esta hora de Mayo que renace.
Cantaba el pueblo por todas las esquinas.
Bullicio de una dicha que el tiempo lo deshace.
¿Qué será de la vida que se derrumbó en el Tiempo?
Vaciándose las entrañas tus casas se alegraban.
Quien iba a quedarse como un lirón durmiendo;
si hasta las criaturas, alegres madrugaban.
Nos íbamos al Zagar, a coger hermosas pacharrosas.
Con alegría niña bebíamos su aroma.
Vestían nuestra alma de pájaros cantores
hasta animar la vida bullente en cada loma.
La gente derramada por todas las laderas,
con el rondín, la flauta, la guitarra, el tambor;
lanzaba jubilosa a todas las esferas.
Haciendo de la tierra un grito azul de amor.
El río era un delirio de bulla y de canciones.
Llenábamos de flores y aroma la laguna.
El baño daba al cuerpo, que gratas ilusiones;
mermelando su frescura, con un beso de la Luna.
Y, cuando Venus, hermoso al Cielo iluminaba,
cual un bouquet de flores, tremenda gritería
Como un incienso extraño al cielo se elevaba;
y aquel lucero, un ojo viviente parecía.
Primero de Mayo, euforia, luz, verdor,
en mi corazón te haces pena al recordar mi vida.
Se esfumó en tus sombras, la tierra del lirida
y del vaso de tus vinos, se hizo cáliz de Dolor.
Esta es una de las calles principales del Santuario de Calipuy, que nos lleva a su Plaza de Armas e Iglesia Santa Catalina de Calipuy.
¿Acaso no es maravilloso contemplar todo un pueblo de una sola mirada? Aquí uno encuentra de inmediato orden y sentido a su mundo, este es un "Imago Mundi".
Vista de la misma calle en sentido inverso.
La maravillosa iglesia... Justo llegamos un día antes de la fiesta del Señor de la Columna, que es el 20 de Noviembre, el mismo día en que nació mi querido tío Carlos; y de la Virgen Santa Catalina; así pudimos presenciar una de las procesiones de los patrones del Santuario de Calipuy.
Aquí también comparto un hermoso poema de mi tío Carlos para rememorar estas fechas inolvidables.
Señor de la Columna
Tú eres Jesús, el dulce Rabí de Galilea.
¡Oh Señor de la Columna! A Tí te imploro.
Benito Patrón de la Tierra más amada,
bendice a tus hijos, y perdona sus pecados.
A ambos lados del camino a Cunguay;
están cubiertos de hermosos pencales, eran las dos
de la mañana del dieciocho de Noviembre,
caminabas a mi lado, dulcísimo Señor de la Columna.
Creí estar soñando, miré los pencales
y te vi que caminabas junto con tu Madre,
la buena y bondadosa Santa Catalina,
patrona del mismo lugar.
Al llegar a Calipuy, fui a verte a la Iglesia,
mi emoción fue tan grande, mi corazón se llenó
de alegría, al verte a Tí y tu Madre juntos
tal como les vi caminando a mi diestra...
Era veinte de Noviembre, día de tu procesión,
yo nací ese día, por eso quise estar junto a ti.
Con ferviente amor te pedí dulcísimo Señor
estar presente en tu día, Señor de la Columna.
Los años pesan sobre mí, te recuerdo siempre,
porque sé, que nada se mueve sin tu Voluntad.
Tú eres el Cristo, el más grande latido
del corazón de la Tierra y de la Humanidad.
El interior de esta maravillosa antigua iglesia.
Vista lateral izquierda.
Vista de la Plaza de Armas desde la iglesia.
Allí, en la Plaza de Armas está el equipamiento del pueblo. A la derecha: la Municipalidad, la Policía, la Posta de Salud. La posta está ubicada en lo que antiguamente era la casa de la familia Pereda Hidalgo.
Y a un costado de la Iglesia del Señor de la Columna, a su izquierda, en la esquina, aún está ubicada la casa de la familia Marcelo Padilla.
Aquí, en esta casa de la esquina vivieron mis bisabuelos y sus entrañables hijos.
En este solar de la izquierda, en toda la esquina, a un costado de la bella iglesia.
Esta fue una gran bella sorpresa inesperada, encontrar con vida a la antigua casa donde nació y creció mi bella y adorable abuela Zaroma Marcelo Padilla.
Esta fue una gran bella sorpresa inesperada, encontrar con vida a la antigua casa donde nació y creció mi bella y adorable abuela Zaroma Marcelo Padilla.
¡Por supuesto que entramos! Nos encontrábamos embargadas de mucha emoción y reconocimiento.
Lo místico de esta bella casa es que no hay puerta alguna, sólo unas cuantas gradas delimitan el espacio público y privado.
Ingresamos a un hermoso patio desde donde se puede contemplar la iglesia, las calles, incluso la Plaza de Armas.
Y la vista hacia el lado opuesto no es más que aquel paisaje "tan santiaguino tan cubierto de nubes, pencas y eucaliptos..."
En ese lado de la bella y antigua casa encontré nada más ni nada menos que a mi tío Cristian, hijo de mi tío abuelo Cristian, hermano menor de mamá Zaroma.
Le conté a mi tío Cristian mi procedencia y de inmediato inmortalizamos este momento de grato encuentro.
Y este otro con su familia: con su esposa, una de sus hijas y una de sus nietas.
Gracias tío Cristian, gracias a usted y a su querida familia.
No pude evitar pedirle que me dejara recorrer toda su casa, la casa de nuestros ancestros, que todavía está viva...
Esta es la cocina...
Vista saliendo de la cocina, al lado derecho.
Al lado izquierdo, la pileta de agua donde calma su sed el rebaño venido del Zagar...
"Todos los días bajan de los montes los rebaños,
los choclos, los pájaros que no dejan
de cantar todos los días
al río, a los apus, al amor."
Mis tíos (mi tío Cristian y su esposa) me contaron lo que ellos sabían del tiempo de sus padres y abuelos... En esta casa habían vivido mis bisabuelos con todos sus hijos...
Estos cuartos habían sido los dormitorios de las cuatro hermanas, mis tías abuelas: Eloísa, Josefina, Ignacia y mi abuela Zaroma.
Estos otros cuartos fueron los dormitorios de mis bisabuelos y mi tío abuelo Cristian.
¡Qué hermosa casa de adobe y tejas a cielo abierto! Con las estrellas, Luna y Sol iluminando el patio, las puertas, ventanas, los rostros de estos seres queridos "tan amantes de su tierra, de su río, sus campos, animales..."
Mi tío Cristian me contó que en aquella enorme piedra del patio, a la derecha, se sentaba mi abuela Zaroma a tomar el Sol, a contemplar su bello Santuario de Calipuy... mientras trenzaba su largo y bello cabello claro que resplandecía con el Sol, y lo sujetaba con largos lazos de seda... Desde allí saludaba a la gente que veía pasar... Aquí la conoció don Santiago Pereda y la pidió como su esposa y madre de sus hijos...
En esta hermosa piedra se sentaba mi abuela querida, bajo la sombra de un hermoso Sauce que ya no está...
En esta hermosa piedra también me senté yo...
Mi abuelo Santiago Pereda se había enamorado a los 23 años perdidamente de mi abuela Zaroma, cuando ella tenía apenas 16 años. Se casaron y vivieron en casa de la familia Pereda Hidalgo. Al año siguiente tuvieron a Carlos y un año después nació Elvira, mi madre.
La belleza de mi querida abuela suscitó muchas discordias en la casa, me contaba mi querida madre que le había contado su madre, mi abuela Zaroma; mis tías abuelas no podían aceptarla, no podían quererla, no podían comprender que mi querida abuela era sólo una adolescente, poco entendida en labores del hogar, que ellas, mis tías como mayores, ya dominaban (cocinar, lavar, planchar, coser, bordar, etc.). Mis tías aprovechaban la mínima oportunidad para "poner en evidencia" a mi abuela.
Una vez, mientras mi abuela Zaroma planchaba una camisa de mi abuelo Santiago; mis tías la distrajeron de su labor llevándola con engaños fuera de la habitación; una de ellas puso la plancha ardiente sobre la camisa, hasta que el olor de la tela quemada los hizo acudir a todos a la habitación del planchado... "¡Quién quemó la camisa!"... "Zaroma", por supuesto. Así sucedían hechos como este, en los que las tías aprovechaban todo momento para poner en mal a mi abuela ante su esposo Santiago; y el abuelo para complacerlas, regañaba mucho a mi abuela.
Otra vez, mientras mi abuela tostaba el café, igualmente mis tías la distrajeron con engaños; a pesar que mi abuela se había propuesto ser más cuidadosa con las artimañas de mis tías, no pudo evitar descuidarse del café que estaba preparando; hasta que obviamente, este se quemó. Cuando llegó Santiago a casa, las tías la indispusieron tanto a mi querida abuela, que el abuelo cansado de tanta queja, la golpeó muy descontrolado, a mi abuela, delante de mis tías... Este fue el motivo por el cual, con el dolor de su corazón, mi abuela decidió terminar con tanta humillación y maltrato, regresando a casa de sus padres, mis bisabuelos Antolino y María... Este hecho marcó a mi abuela como la mala de la película, "la mala madre que abandonó a sus hijos", concepto que mis tías quisieron inculcar a toda costa en el corazón de Carlos y Elvira, sin conseguirlo... Mi querida madre, fue descubriendo con mucho dolor esta injusticia que la familia de su padre había cometido con su madre, hasta que lo escuchó de mi abuelita Zaroma. Ellos, Carlos y Elvira, quedaron bajo cuidado de mi abuelo Santiago, por tanto, de mis bisabuelos y sus demás hijos.
De todo este tiempo, el recuerdo más grato que conservaba mi querida madre es el de su abuela María Eloísa Hidalgo, de quien aprendió no sólo las tareas del hogar, sino también los deberes y tradiciones de la familia.
Uno de los deberes más resaltantes de la familia Pereda Hidalgo era la reunión familiar en las fechas más importantes del año, como los cumpleaños de los bisabuelos, la Navidad y el Año Nuevo. Durante muchos años, hasta que los bisabuelos se fueron de este mundo, los hijos acudían a la casa paterna desde donde se encontraran, incluso abandonando a sus propias familias, con el fin de cumplir el deber sagrado de estar presente en estas fechas con la familia Pereda Hidalgo, tal como habían sido educados.
Y una de las tradiciones más resaltantes de la familia Pereda Hidalgo era la adoración al Sol por las mañanas, que mi bisabuela solía hacer. Ésta consistía en reverenciar al astro rey con las manos juntas en actitud de oración, mientras pronunciaba en profunda concentración:
"¡Yo te saludo oh, Inti, Dios eterno y soberano!
Que tus rayos multipliquen los campos y las lluvias
Que tu ojo bendito nos proteja de lo malo
Que mi corazón te recuerde todos los días..."
Mi madre recordaba siempre a su abuela en sus faenas del hogar, ordenada, inteligente, estricta, generosa, limpia, orgullosa... Era pequeña de estatura, delgada, de ojos vivaces, cabello largo y trenzado, piel dorada por el Sol; su particularidad más notoria era el inmenso amor que sentía por sus hijos, incluso más que a su propio marido.
Cierta vez, mi abuelo Santiago le pidió a mi tío Máximo que acompañara a la señorita profesora Delfina, novia de mi abuelo, a su centro de trabajo, una escuelita en un caserío cerca de Santiago de Chuco; pues por lo recargado de su trabajo, mi abuelo ya no podía hacerlo. Mi tío Máximo accedió con gusto obedecer su expresa orden, pues amaba a su hermano; todos amaban, respetaban y admiraban a Santiago, el hijo predilecto de mis bisabuelos. Obviamente, acompañar todos los días a la señorita Delfina a su escuela, ida y vuelta, durante seis meses... hizo que ambos se enamoraran inevitablemente, el uno del otro... El sufrimiento tampoco se hizo esperar, se sentían traidores, viles, malvados, pero se amaban con sinceridad; ahora tenían que tener el coraje de enfrentarse al perjudicado y a los demás Pereda, así como "habían tenido el coraje de enamorarse". La noticia fue de lo más escandalosa en la familia, haciéndose al mismo tiempo lo imposible para evitar que trascienda el hogar.
Una nueva oscuridad invadió la casa, todos sufrían por este deshonor que había ocasionado "la señorita Delfina". Cuando yo escuchaba esta historia de labios de mi adorada madre, ambas terminábamos recitando los versos de la maravillosa Sor Juana Inés de la Cruz, que bien pintaban la realidad:
"Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis..."
Días, noches de dolor, humillación, ira, odio, deseos de venganza... no había paz en ninguno de los Pereda; hasta que mi abuelo Santiago no se hizo esperar con la mejor solución a tamaña ofensa, retó a duelo a mi tío Máximo. Fue de película... Los dos tomaron sus armas en el patio de la casa, mi bisabuela María Eloísa, al ser informada de semejante locura corrió a donde se encontraban sus amados hijos y se interpuso en medio de ellos: "Si quieren matarse, tendrán que matarme a mí primero..." Nadie pudo alejar a mi bisabuela del campo de batalla... y... ni Santiago ni Máximo tuvieron el coraje de dar el primer disparo...
Mi tío Máximo decidió irse de la casa, se casó con Delfina y se fueron a vivir muy lejos. La familia Pereda Hidalgo no podía sobreponerse fácilmente a la afrenta sucedida, a la ausencia de mi tío Máximo y al sufrimiento e ira de mi abuelo Santiago. Parecía que toda la familia se iba extinguiendo poco a poco... Hasta que por fin llegó la buena noticia, si bien era una noticia ingrata, ésta tenía su lado bueno... Delfina había dado a luz a un niño deforme de poco tiempo de vida. Máximo y Delfina consideraban este hecho como un castigo, una maldición de Dios, descendiendo ambos cada vez más por los sinuosos caminos del dolor, la tortura, lamento, culpa, y cuanto sentimiento negro pudiera anidarse en su corazón... pero que con el tiempo, el amor tan fuerte de ellos pudo superar. En tanto los Pereda cicatrizaron su dolor al considerar tal nacimiento, efectivamente, como un castigo del Señor.
Años después, Delfina se fue de este mundo, y poco a poco, Máximo regresó a casa. Poco a poco los dos hermanos se reconciliaron, poco a poco la alegría volvió a reinar en el hogar. Como bien dijo mi querida madre al contarme esta triste historia, tuvo que fallecer nuestra tía Delfina para que volviese la hermandad entre hermanos, para que volviese la paz en la familia Pereda Hidalgo, para que todos se reconciliaran.
Varias de mis tías abuelas se mantuvieron solteras, y no porque no hubieran tenido pretendientes, sino porque ellas consideraban que tales pretendientes jamás estarían a su altura, a la altura de ellas, hijas de los Pereda Hidalgo, descendientes de una rama pura de los incas. Ni había paisano que satisficiera los requerimientos de mis orgullosos bisabuelos e hijos, no en vano la gente los había apodado justificadamente como "los Pavos"; de acuerdo al relato de mi madre, les decían "Pavos" porque andaban uno detrás de otro, en fila india como los pavos, con los picos levantados llenos de fatuo orgullo. Entonces, ¿cómo iban a aceptar en aquel tiempo, el noble cariño que un simple aldeano había despertado en el corazón de mi tía abuela María? María luchó por imponer sus sentimientos sin conseguirlo, viéndose obligada a abandonar la casa paterna, esperando que con el tiempo, la familia aceptara su sencillo matrimonio.
Más, nada de eso ocurrió, por el contrario, mis bisabuelos la negaron como hija, y los hermanos la negaron como hermana. Con el transcurrir del tiempo, se suavizó el corazón de mi bisabuela María Eloísa porque la extrañaba, más el de mi bisabuelo se mantuvo tan duro como una roca ¿Cómo iba a perdonar a una hija réproba?
El matrimonio de María no fue largo... la pena terminó consumiéndola; sin embargo, ni aún postrada en cama pidiendo perdón a sus padres y hermanos, ellos fueron capaces de asistirla en su agonía. Mi bisabuela no podía conseguir que mi bisabuelo la perdonase, tampoco podía conseguir que la permitiese ir al lado de su amada hija para despedirla... Mi querida madre dijo que la tía María murió de pena, lo que hoy en día se conoce como depresión.
Mi abuelo Santiago, en su poemario "Koricancha", le dedicó a su hermana María esta inesperada poesía:
Estoy en Quiches, tierra sin lágrimas.
Aquí donde me llega tu recuerdo crudo
¡María! hermana de mi corazón despedazado,
me has condenado a llorarte
perpetuamente,
pues que te fuiste,
sin acordarte
que ibas dejando
a quien quisiste!
Viaje sin vuelta de un camino sin paréntesis ni curva;
acre dolor del que se va a la Muerte;
ánimo eterno del que ya no más se turba...
tragedia que se enrosca en lo más fuerte...
¡Ni gama, ni matiz, ni algún sabor;
que pudiera expresar nuestro dolor!...
Arrugada la frente por la pena
no alcanzo a pensar bien si fue mejor
tu vida en este mundo donde llena
diariamente su copa el Amargor...
Humildemente la Tierra en dos partida
quiere explicarme el sentido de lo inerte...
Pero la Muerte se alimenta de la Vida,
i la Vida se alimenta de la Muerte!
A veces uno se esfuerza por escribir historias, creando tramas y escenarios, inventando sucesos, situaciones, dramas, tragedias, comedias... sin reparar que la vida misma ya es el escenario de una Gran Historia perfectamente diseñada. Nosotros mismos somos protagonistas de esa Gran Historia, viviendo en carne propia los papeles que nos han sido asignados... Hay una gran historia en mi familia que mi querida madre me ha relatado con gran detalle, que intento relatar en la medida de mis recuerdos y de sus invaluables escritos, sin temor ni vergüenza alguna, puesto que, ya lo dije, sólo somos actores del Gran Drama del Mundo por Dios creado. Intento relatar no sólo para glorificar la majestuosa creatividad de ese Artífice Supremo; o para intentar conocer y comprender la razón de mi propia existencia, que puede servirle a más de uno, no sólo de la familia; sino, sobre todo para que perdure, tal como fue el anhelo de mi madre y de muchos de mis ancestros en su afán de no ser fácilmente olvidados... Y como el poeta brasileño Vinicius de Moraes dijo:
"... Que no sea inmortal, puesto que es llama,
Mas que sea infinito en cuanto dure."
Sólo así, cuando yo describa esta historia, como pinceladas de un bodegón ya consabido, pueda yo crear en otro lienzo una historia paralela que revele el lugar al cual refleja.
La separación de mi abuela con mi madre y mi tío Carlos fue, desde luego, muy dolorosa para los tres; ellos visitaban a mi abuela muy de vez en cuando, hecho que era del completo desagrado de mis tías abuelas. Estos versos de mi querida madre revelan su dolor y sueños de niña en su querida tierra...
II
¿Ves aquella niña vestida de blanco?
Empolvada, sudorosa, riente...
¿Ves aquel niño amoroso que la toma de la mano?
Empolvado, sudoroso, riente...
Esa niña soy yo, ese niño es mi mayor.
Juntos, abrigaditos, esperan el amanecer,
sueñan con abrazar a la Madre estrella.
Mientras juegan, escriben, piden
que si no es aquella estrella, sea la luna o
el sol quien les traiga al ser que los hizo nacer.
Con el pasar del tiempo, se conocieron mi querida abuela Zaroma con el hacendado César Ganoza; luego, enamorados, se fueron a vivir juntos a la hacienda, con las bendiciones de mis bisabuelos Antolino y María.
De este amor nació el pequeño César Ganoza. Fue una bella época para mi querida abuela, parecía que ella había encontrado la felicidad pese a su nostalgia por la separación de sus dos primeros hijos, Carlos y Elvira. Sin embargo, por circunstancias muy tristes, mi abuela Zaroma y el hacendado César Ganoza tuvieron que separarse. Fue mucha tristeza para mi querida abuela, ser nuevamente agraviada y separada de su tercer hijo, César. Las veces que ella aguardaba en alguna esquina para ver a su niño, apenas podía abrazarlo a escondidas, pues Ganoza padre, no quería que ella se acercase a su hijo, como si ella hubiera buscado la separación.
En ese tiempo había aparecido en escena don Carlos Calonge hijo, quien sintiéndose fuertemente atraído por mi querida abuela la llevó a vivir con él. Tiempo después, Carlos Calonge y Zaroma Marcelo se fueron a vivir a Quiruvilca donde tuvieron a sus cuatro niñas. Tiempo después, mi abuelo Santiago Pereda y sus dos hijos, Carlos y Elvira, se fueron a vivir a Santiago de Chuco, donde mi madre y mi tío terminaron sus estudios primarios, luego, en Trujillo terminaron sus estudios secundarios.
Aquí estamos en la procesión del Señor de la Columna, día también de mi querido tío Carlos Pereda Marcelo. Fue muy hermoso escucharlas cantar a las Kiyayas.
Luego fuimos a visitar a mis tíos Oscar y Yolanda, hermanos de mi tía Hilda, hijos de mi tía abuela Josefina, hermana de mi amada abuela Zaroma Pereda Marcelo.
Nos acompañaron la hija y las nietas de mi tío Cristian.
Las casas del Santuario de Calipuy son por demás hermosas, todas de barro, eucalipto, paja y tejas, aun cuando no deja de verse por algún lado el ladrillo, concreto y calamina.
Es maravillo encontrar, al abrir la puerta principal, el hermoso patio central vital, el corazón de la casa, distribuidor de los demás ambientes. En India, este espacio, el patio, es sagrado; lo llaman: Brahmastan, la morada del señor Brahma, el creador del universo material.
En este espacio central la familia suele tomar el Sol, realizar sus actividades diarias.
Aquí mi tío Oscar en el patio, su lugar favorito. La puerta es la entrada a la bella casa.
En ese dormitorio del primer piso, lado izquierdo descansé yo. Y por el zaguán de la derecha uno se dirige a la cocina de la casa.
Allí, al fondo está la bella y cálida cocina.
Una foto inolvidable con mis tíos: Yolanda y Oscar, también está César el nieto de mi tía Yolanda.
Gracias tía Yolanda, gracias tío Oscar, gracias a ustedes y a su querida familia.
Conversamos mucho con mis tíos Oscar y Yolanda, es maravilloso saber que se encuentran bien, contentos de vivir en su tierra sin los anhelos de la gran ciudad. Más bien, la vida apacible de ellos es lo que un trotamundos como yo quisiera :)
Les pregunté a mis tíos por la famosa Quebrada del Diablo pues era mi deseo conocerla. "No conocemos la Quebrada del Diablo", me dijeron mis tíos, "Nunca hemos oído hablar de esa quebrada", insistieron, lo cual me pareció de lo más extraño...
Pero estas son otras historias ;)
Vista de la bella Iglesia de Santa Catalina de Calipuy desde la Plaza de Armas hacia arriba. Aquí también hicimos nuestro ritual-ofrenda al Señor Supremo... Orando porque nuestro Gran Viaje hacia la Morada Suprema sea maravilloso, tal como los ríos se desplazan hacia el Mar sin obstáculos...
¡Oh, Divina Providencia!
Por favor, te pido de todo corazón
que abraces a mis amados padres Elvira y Donato
y a Zaroma, mi abuela tan querida,
para que los protejas e ilumines
en su camino hacia Tu Morada Suprema.
Por favor, otórgales paz, armonía, sabiduría, amor;
otórgales un elevado nacimiento
para que puedan realizar su amor por Ti
y te sirvan eternamente.
Los alrededores de la bella Plaza de Armas.
Ahora que recuerdo, yo ya había escuchado esta historia de mi querida madre, la que me había contado mi tía Yolanda. Sin embargo, mi madre me la había contado como parte de la tradición de su bello pueblo, donde el protagonista era una persona anónima sin saber que era su propio padre el verdadero protagonista.
Recorriendo el bello Santuario de Calipuy...
La vida transcurre tranquila aquí... como si el tiempo se detuviera.
Tendríamos que volver para quedarnos más tiempo aún...
Para visitar la Reserva de Calipuy... donde residen los guanacos, las puyas de Raymondi...
Hermosas calles en desnivel y con sus originales recovecos.
Diciendo adiós a nuestro querido Santuario de Calipuy, tierra de mis ancestros por parte de mi querida madre Elvira Pereda Marcelo...
Gracias por permitirnos visitarte, gracias por acoger a mi familia tan querida, porque les brindaste la vida apacible, natural y bella del campo, tan buscada hoy en día en las grandes ciudades...
Hasta los animales se despliegan tranquilos y se dejan fotografiar... ;)
Ahora estamos saliendo de nuestro Santuario de Calipuy, en nuestro viaje de regreso al bello Santiago de Chuco.
Es tal como me contaba mi querida Madre, cuando escribía sus historias y su maravilloso diario...
Nuestro inolvidable Santuario de Calipuy huele a yerba buena, eucalipto y alcanfor...
Ya no adjunto más notas aquí, pues considero que el diario de mi madre merece un lugar especial aparte, es allí donde voy a compartir todos sus escritos.
¡Oh, Radha! ¡Oh, Krishna!
¡Oh, Amor Divino!
Por favor, te pido de todo corazón
que abraces a mis amados padres Elvira y Donato
y a Zaroma, mi abuela tan querida,
para que los protejas e ilumines
en su camino hacia Tu Morada Suprema.
Por favor, otórgales paz, armonía, sabiduría, amor;
otórgales un elevado nacimiento
para que puedan realizar su amor por Ti
y te sirvan eternamente.
Vista espectacular de la Cordillera de los Andes, especialmente del Huascarán ubicado en el departamento de Ancash, Huaráz.
Llegada a nuestro querido Santiago querido, a casa de mis tíos Hilda Felipe Marcelo y Gustavo Escobedo (primera puerta de la derecha, de color celeste), a quienes agradecemos de todo corazón por su cariñosa hospitalidad.
Encontrarlos a ellos ha sido como encontrar a toda la familia y rememorar los viejos tiempos. Ha sido maravilloso compartir juntos, conversar y recordar entre una yerba caliente o una deliciosa fruta o una sabrosa comida vegetariana santiaguina de mi tía; ya sea aquí en su casa o en su muy bien ubicada tienda de la Plaza de Armas.
Fue como si el tiempo no hubiera transcurrido.
Como siempre, ingresar a la casa de mis tíos es ingresar a un mundo totalmente acogedor y único. Esta es la particularidad de su casa diseñada y construida por mi mismo tío Gustavo. No hay duda que él es un arquitecto innato, de los buenos, ya lo demostró anteriormente cuando construyó su primera casa que estuvo ubicada justamente frente a esta su actual casa (ahora esa primera casa ya no existe).
Aquella era una casita muy pero muy especial y diferente a las casas tradicionales, pues tenía un jardín exterior que a cualquiera llamaba la atención, Fue en esta casa que yo conocí a mis tíos y primos, fue en esta casa a donde veníamos con mi querida madre para visitarlos; y mientras ellos, mayores, compartían el cafecito, nosotros pequeños recorríamos nuestros juegos.
Ingresando a esta casa uno encuentra el bello pasadizo distribuidor de ambientes. A la izquierda se encuentran los ingresos a la sala y comedor; y al fondo puede apreciarse el patio de servicio y acceso al segundo piso.
Esta es la sala, y esta vez no podíamos dejar de tomarle fotos a ésta su bella casa, para recordar la mano artística y de buen gusto de mi dos tíos, Hilda y Gustavo.
En cuanto al interior, a la distribución, proporciones, color, etc., me hizo recordar a las casas del Mediterráneo, de las famosas islas de Grecia especialmente las casas de la isla de Mikonos :)
Aquí está el bello comedor con la puerta de entrada a la cocina.
El comedor con puerta al corredor de la entrada.
Esta es la cocina. Incluso los muebles han sido hechos por mi tío Gustavo y toda la decoración es de mi tía; de allí que toda la energía que uno siente aquí es cálida, fresca, afectuosa, ordenada.
Este es el patio donde están los servicios de lavandería, servicios higiénicos y acceso al segundo piso.
Aquí están mis bellos tíos queridos Hilda y Gustavo.
Gracias tía Hilda, gracias tío Gustavo, gracias infinitas por su maravillosa hospitalidad y cariño.
Pero, ¡no podía faltar el espectacular horno que se encuentra detrás de mis tíos!
Las escalas al segundo piso.
A los dormitorios...
De nuevo, se hace notar el gusto especial de mi tío para solucionar muy acertadamente la solución de espacios en los dormitorios.
Este maravilloso puente nos lleva a una cálida terracita donde uno puede tomar un abundante baño de sol y renovar sus energías mañaneras :)
Todo milimétricamente calculado, muy buena proporción y utilización de espacios.
Para recordar la terracita...
Para recordar el cuarto donde mis tíos me hospedaron y yo dormí muy pero muy agradecida.
Y para terminar este peregrinaje no podía faltar mi encuentro con mi prima Nancy Escobedo Felipe (la tercera hija de mis tíos Hilda y Gustavo) y su querida familia: Rafael, su esposo y Yanina y Rafael, sus queridos hijos. Nos encontramos en Lima lo que me hizo mucho bien saber que todos mis primos se encuentran maravillosamente bien y que un día volveremos a reunirnos.
¡Hasta pronto mi querida familia!
¡Oh, mi querido Ganges!
Que la corriente límpida de tus aguas nos lleve sin obstáculos
hacia el mar sagrado del Amor Divino...
Que nuestra atracción se dirija a Radha y Krishna
sólo a Radha y Krishna sin desviarse hacia nadie más...






